Alejandro Mericq, socio y gerente comercial de Jantoki: “Comer no es solo alimentar al cuerpo, sino que al alma”
Jantoki es la distribuidora de vinos y licores de pequeños productores que está a cargo de la feria Bocas Moradas y de la Noche del Gin Chileno. Alejandro Mericq es uno de sus socios y también gerente comercial y acá reflexiona sobre su relación con la comida, los platos que marcaron su infancia y los sabores que atesora junto a recuerdos especiales.

Por Airam Fernández

Jantoki es una distribuidora de vinos y licores de pequeños productores y uno de sus socios y también gerente comercial es Alejandro Mericq. Esa organización es la que está detrás de la feria Bocas Moradas y más recientemente de la Noche del Gin Chileno, un evento que en su última edición reunió a más de 20 marcas de gins elaborados a lo largo de todo el país.

Su rol no solo consiste en dar a conocer marcas innovadoras y que trabajan a pequeña escala, sino que además venderlas a restaurantes, por lo que conoce bien el rubro. “Es el mejor de los mundos”, dice con la convicción de alguien que disfruta de su trabajo y una buena mesa.

El plato de su vida

Si hay un plato que de inmediato le recuerda a su infancia son los callos, una preparación típica española que es ideal para los días fríos de invierno. Era un clásico en su casa porque su abuelo era catalán y además casado con una hija de inmigrantes españoles, entonces la gastronomía de ese lado del mundo reinaba en su mesa. “En la casa de mis abuelos siempre comíamos esos platos, bien preparados y con harta enjundia”, dice.

Un recuerdo que atesora con especial cariño son los almuerzos de domingo. “Eran eternos y siempre los hacíamos en una tremenda casa que tenían mis primos. Llegábamos temprano y nos íbamos de noche”, rememora.

Hasta el día de hoy, los callos figuran entre sus platos favoritos. De hecho sabe prepararlos, pues su mamá le enseñó cuando tenía 15 años.

“En la casa de mis abuelos siempre comíamos callos, bien preparados y con harta enjundia”.

Con quién compartiría

Su padre murió en 2019. Si tuviera la oportunidad, sería con él con quien compartiría una comida y una sobremesa una vez más. Lenny Kravitz dedica su canción Thinking of you a su fallecida madre, y ahí le pregunta cómo es la vida en el cielo, si realmente hay paz, cómo es la libertad y si volvería a vivir su vida de la misma forma en que lo hizo. Mericq dice que todas esas preguntas se las haría a su papá en ese momento. “Además le diría que lo extraño y lo abrazaría muy fuerte”, cuenta.

Sabores del mundo

Su papá fue observador de Naciones Unidas en India y Pakistán en 1976 y ese trabajo hizo que toda la familia se cambiara de país, aunque temporalmente. Estar seis meses en cada uno fue una experiencia que influyó mucho en su formación y en la relación que poco a poco fue forjando con la comida. En particular recuerda cuánto le gustó el naan al probarlo, un pan a base de harina de trigo y levadura, que también es conocido como chapati y que usualmente se acompaña con ghee o mantequilla clarificada.

“Fue un momento de probar cosas nuevas. Pero en esa época, e incluso hoy, allá no eran muy higiénicos los locales de comida por lo que lo comíamos en casa, con un cocinero que vivía cerca y que preparaba la comida. También me llamó mucho la atención un clásico de esa cultura, que no matan a las vacas porque son sagradas y caminan libres por las calles, y nuestra dieta incluye mucho la carne de vacuno”, cuenta.

“Mi papá fue observador de Naciones Unidas en India y Pakistán en 1976. Fueron seis meses en cada país y un gran momento para probar cosas nuevas”.

Qué sí y qué no

Para Mericq, no existen reglas para comer. Le gusta experimentar y probar cosas nuevas, hasta con sabores o ingredientes que usualmente no van juntos. Incluso dice que la relación que tiene con la comida es parecida a la de un “amor platónico”.

“Comer no es solo alimentar al cuerpo, sino que al alma, porque todo se alegra al comer”, dice, y añade que a pesar de no ser “mañoso” y que por lo general come de todo, hay dos cosas que no tolera: las alcaparras y la lúcuma. “Les he dado diez mil oportunidades y no me entran”, confiesa.

“No soy mañoso para comer. Como de todo. Lo único que no me gusta tanto son las alcaparras y la lúcuma, a pesar de que les he dado diez mil oportunidades, pero no me entran”.

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