Andrea Obaid, periodista científica y presidenta de Achipec: “Me gustan los platos bien elaborados, que tengan mano de obra”
Además de ser conductora de diversos programas radiales y televisivos con foco científico, Andrea Obaid es amante de la comida y de la buena mesa, algo que heredó de su familia y que al día de hoy le ha entregado las mejores experiencias laborales y personales.

Tras cimentar su carrera en el sector de espectáculos y después de 20 años de experiencia en medios radiales como Los 40 Principales o Radio Carolina, la periodista Andrea Obaid decidió en 2006 dar un giro a su vida profesional, buscando un camino que la ayudara a entregar otro tipo de aporte a la sociedad. Así fue que tomó la decisión de especializarse en comunicación científica y médica en la ciudad de Barcelona. Fue el comienzo de un camino que actualmente recorre y que la llevó a presidir la Asociación Chilena de Periodistas y Profesionales para la Comunicación de la Ciencia. 

Este cambio en su vida la llevó a impulsar proyectos comunicacionales con base en la divulgación científica, como el programa de televisión Tecnociencia, un espacio que, a sus ojos, le permitió “abrir espacios que antes no existían en los medios”.

El año pasado lanzó el programa de TV CocinaLab, que conduce junto Alejandro Roth, biólogo celular de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Chile. “Quisimos responder todas las preguntas que uno se hace cuando está en la cocina, porque cuando uno prepara algo, pasan muchos fenómenos químicos, físicos y biológicos de los que a veces no sabemos las respuestas”, cuenta Obaid sobre la razón de este proyecto.

“Cuando uno prepara algo, (en la cocina) pasan muchos fenómenos químicos, físicos y biológicos de los que a veces no sabemos las respuestas”.

El plato de su vida

Andrea Obaid es una apasionada de la cocina. Cree que es algo heredado de su familia y de sus descendencias árabes y croatas. Si le preguntan por algún recuerdo de su infancia, lo primero que recuerda es la constante preparación de platillos árabes en su hogar. “Yo participaba en estas preparaciones y siempre estaba en la cocina. Mis abuelas me criaron en torno a ella y es parte de mi ADN”, cuenta.

De hecho, si tuviera que comer platos árabes a diario, no tendría ninguna queja: “Me fascina la comida árabe y a veces me genera gula. Podría comer bandeja tras bandeja de hojas de parra o repollitos”.

Con quién compartiría

Si tuviera que elegir solo un platillo de la cultura árabe, el más especial, sería el malfuf. Esas hojas de repollo rellenas de carne, arroz y especias las degustaría en compañía de su abuelo Emilio, quien ya no está a su lado. Las acompañaría con laban, la versión árabe del yogurt. 

“Todo eso me conecta con mi abuelo, quien ya falleció. Me traslada a esa casa gigante donde vivía, y donde preparábamos desde chicos carne molida en máquinas muy antiguas y cocinábamos día y noche”, rememora.

“Me fascina la comida árabe y a veces me genera gula. Podría comer bandeja tras bandeja de hojas de parra o repollitos”.

Sabores del mundo

Gracias a su trabajo, Obaid ha podido conocer varios rincones del mundo. Nunca ha dudado en probar lo típico de cada lugar. Pero si tuviera que escoger una segunda cocina favorita, definitivamente sería la japonesa, específicamente el sushi, un plato típico de Japón, donde no ha tenido la suerte de ir.

“Nunca he ido a Japón pero el sushi me encanta. Creo que el gusto por este plato es adquirido y aprendido, porque al principio me cargaba por el pescado crudo. Aprendí a prepararlo y a comerlo hace aproximadamente diez años”, cuenta.

“Nunca he ido a Japón pero el sushi me encanta. Creo que el gusto por este plato es adquirido y aprendido, porque al principio me cargaba por el pescado crudo”.

Qué sí y qué no

“Me gustan los platos bien elaborados, que tengan mano de obra de cierta forma”, dice, pensando en la cocina árabe y también en la japonesa, pues ambas tienen en común la complejidad. “A través de ese trabajo manual se entrega cariño, y eso es algo que siente no solo quien lo prepara, sino quien lo degusta”, comenta.

A pesar de ser amante de la gastronomía y de aventurarse a probar nuevos sabores, admite que para ella es casi imposible comer entrañas de animales: “No puedo soportar las panitas, los riñones o el corazón”. Y desde otro extremo, dice que tampoco tolera la leche con plátano. Cree que hay una explicación para ambos rechazos: “Son cosas que nuestras mamás nos obligaban a comer en la infancia, y al menos yo lo rechacé a tal nivel que hasta el día de hoy me queda en la memoria”.

Pin It on Pinterest

Share This