Francisco Bertens, gerente de Orizon Foods

“La cocina se convirtió en mi gran entretención durante la pandemia”

“poder contribuir a mejorar la calidad de vida de las personas desde la alimentación”

Una empanada, un plato de lentejas, preparaciones a base de pescados y mariscos y hasta pan de masa madre. Así de variados son los gustos de Francisco Bertens, gerente de Orizon Foods, quien atesora en la comida recuerdos familiares “invaluables” y, al mismo tiempo, grandes lecciones de vida.   

Lleva cuatro años en Orizon, la compañía de alimentos que forma parte de Empresas Copec, ligada al Grupo Angelini, donde partió a cargo del negocio acuícola. Cuando pasó a liderar la división Foods, entendió que lo que más le gusta de su trabajo es “poder contribuir a mejorar la calidad de vida de las personas desde la alimentación”. 

Pero más allá de lo que su rutina laboral le exige a diario, hablar y pensar en comida y alimentos es algo que le gusta y es un tema muy presente desde siempre en su casa. No sólo como comensal, sino como cocinero autodidacta, de esos que en plena pandemia dedicaron parte de su tiempo a experimentar con masas de larga fermentación para poder hornear pan.

El plato de su vida

Si hay un aroma que lleva a Francisco Bertens a viajar en el tiempo es el de una empanada de mariscos recién hecha. Le encantan, no sólo por el sabor, sino por los recuerdos que le traen de su infancia. 

Sus favoritas están muy lejos de su casa en Santiago, en Queule, la principal caleta de pescadores artesanales de la Araucanía. Dice que en cada mordisco hay una explosión de sabores a cargo de navajuelas, locos, choritos, almejas, camarones y pescados de la zona. 

“Diría que es el plato de mi vida porque tenemos una tradición familiar muy antigua de ir de vacaciones a una casa de veraneo que mi abuelo Temístocles construyó ahí en los años 70. En Queule, los platos con productos del mar abundan. Pero si me toca escoger, me quedo con las empanadas”, cuenta. 

De niño también acompañaba a sus tíos a pescar. Salían muy temprano en un bote y sobre eso tiene miles de historias y aventuras que recuerda con cariño. Una muy particular asociada a la comida es la de sus tíos instalando trampas en la desembocadura del río Toltén. Ahí caían las jaibas más sabrosas que ha comido en su vida, unas cocidas y otras también en empanadas. 

“Diría que es el plato de mi vida porque tenemos una tradición familiar muy antigua de ir de vacaciones a una casa de veraneo que mi abuelo Temístocles construyó ahí en los años 70. En Queule, los platos con productos del mar abundan. Pero si me toca escoger, me quedo con las empanadas”

Con quién compartiría

Si pudiera viajar en el tiempo para compartir la mesa con alguien, elegiría ir al pasado y sentarse a almorzar con su abuelo, quien falleció en 2008.

“Mi abuela hace una crema de lentejas con crutones exquisita y aún a su avanzada edad, se toma el tiempo para preparármela cada vez que viajo a Temuco a visitarla. Es de mis platos favoritos”, relata. 

Si existiera la posibilidad, le gustaría volver a sentarse a comer los dos y conversar sobre el presente: “Una cosa que quedó pendiente con mi abuelo es que él no alcanzó a verme titulado. Días antes de morir me dijo muchas veces que lamentaba irse sin verme cerrar ese capítulo. Así que me encantaría poder decirle que la universidad llegó a buen término y contarle en qué estoy ahora”. 

“Una cosa que quedó pendiente con mi abuelo es que él no alcanzó a verme titulado. Días antes de morir me dijo muchas veces que lamentaba irse sin verme cerrar ese capítulo. Así que me encantaría poder decirle que la universidad llegó a buen término y contarle en qué estoy ahora”.

Sabores del mundo 

Durante varios años y por motivos laborales, Bertens viajó con mucha frecuencia a México y se enamoró de la gastronomía local. Cuenta que probó todos los platos típicos porque las reuniones de negocios siempre se hacían en restaurantes o taquerías, lo que se tradujo en una situación ganar-ganar, porque además le gusta mucho comer picante. Tacos, enchiladas y chiles toreados están en su top 5 y hasta ahora no ha encontrado un lugar en Santiago que prepare esos platos a su gusto. Tampoco es algo que le preocupa, pues siempre le gustó cocinar en familia y cuando llegó la emergencia sanitaria, pasó a ser una actividad recurrente: “La cocina se convirtió en mi gran entretención durante la pandemia. En casa, ese es ahora el gran panorama. Cuando hacemos tacos de pescado, mucho mejor”. 

 

Qué sí y qué no

Bertens tiene cuatro hijos, de 12, 10, 8 y 6 años. Con el confinamiento obligatorio, supo que debía hacer algunos ajustes a la dieta en casa. “El hecho de estar confinados, sin poder hacer deporte y los niños sobre todo con una actividad física muy limitada, nos llevó a cuidar un poco más lo que estaban comiendo”, cuenta. De a poco, junto a su señora fueron dándole más prioridad a los pescados y mariscos y al mismo tiempo dosificaron los dulces y harinas refinadas. 

En la cocina 

Durante la pandemia, hornear pasó a ser una de las actividades más practicadas por familias de todo el mundo y de eso hay evidencia en todas las redes sociales. En Chile, junto al alcohol gel y las mascarillas, la harina estuvo entre los productos más demandados hasta que de pronto se agotó. Bertens cuenta que su esposa decidió empezar a hacer su propio pan para el consumo familiar por los mismos motivos de cuidar lo que estaban comiendo, y afortunadamente no se vio desprovista de insumos porque lo primero que él hizo fue comprar una bolsa de 25 kg, que alcanzaba para dos meses. La levadura tampoco fue problema, porque empezaron a experimentar con panes de masa madre, a partir de un cultivo que sólo necesita harina, agua y mucho tiempo y paciencia para fermentar.

“Con mucho entusiasmo, lo convertimos en un clásico de la cuarentena y creo que es algo que nos va a quedar para siempre. Hicimos unos panes exquisitos, muy saludables y lo pasamos muy bien en familia aprendiendo de la masa madre, viendo los tiempos de fermentación, fue muy entretenido”, dice. 

Por Airam Fernández

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