Mathias Rosenthal, gerente general de Premier Caesars Chile

Mathias Rosenthal, gerente general de Premier Caesars Chile

Aunque su trabajo es vender pizzas, su plato festivo favorito es el pulmay. Mathias Rosenthal, gerente general de Premier Caesars Chile, una de las cadenas más reconocidas de Estados Unidos, es también deportista y promotor de la alimentación saludable y del ayuno intermitente, pero defensor del producto que vende. Dice que Chile es uno de los países con mayores casos de obesidad en el mundo no por la comida procesada, sino por la poca educación que existe frente al tema.

Little Caesars, la reconocida cadena de pizzas estadounidense, llegó a Chile en 2017 y desde entonces su crecimiento ha sido exponencial. Hoy tienen más de 20 sucursales, un plan de expansión agresivo en el mediano plazo y muchos aprendizajes a partir de la pandemia y de los golpes que el rubro gastronómico ha tenido que soportar en el último año.

No ha sido fácil, admite Mathias Rosenthal, gerente general de Premier Caesars Chile. Pero cuenta que uno de sus ejes más importantes para poder hacer frente a este complejo escenario fue que la franquicia ya estaba muy bien posicionada en el país. “Esta crisis nos pegó fuerte, como a todos los restaurantes, pero nos pilló con toda nuestra cultura interna muy bien desarrollada, y gracias a eso supimos ajustar y reinventarnos cuando fue necesario”, dice.

Aunque suene paradójico, uno de los retos que en adelante le gustaría asumir es el de contribuir con la cultura de alimentación saludable y cambiar la mentalidad asociada a la comida rápida. “Está súper estudiado que muchas de las enfermedades que hoy padecemos como sociedad tienen que ver con siglos de mala alimentación. Pero creo que el problema no es el azúcar, las harinas refinadas o la comida procesada por sí solas, sino un conjunto de malos hábitos, potenciados por una mala educación”, señala.

“Muchas de las enfermedades que hoy padecemos como sociedad tienen que ver con siglos de mala alimentación. Pero creo que el problema no es el azúcar, las harinas refinadas o la comida procesada por sí solas, sino un conjunto de malos hábitos, potenciados por una mala educación”.

El plato de su vida

Mariscos y distintas carnes que se cuecen en su propio jugo, en una olla y a fuego lento. El pulmay, un plato típico que se sirve en el sur de Chile durante los meses más fríos es el que de inmediato lo traslada a su infancia, y el que se convirtió en el más apropiado para festejar junto a sus seres queridos. “En mi casa siempre ha existido la cocina que congrega y hay distintos platos para eso, pero este es uno de los que más me marcó por toda la ciencia y el trabajo largo que tiene. Pienso en él como sinónimo de familia, de congregación, y también porque me gusta mucho”, dice Rosenthal.

“En mi casa siempre ha existido la cocina que congrega y hay distintos platos para eso, pero el pulmay es uno de los que más me marcó por toda la ciencia y el trabajo largo que tiene. Pienso en él como sinónimo de familia, de congregación, y también porque me gusta mucho”.

Con quién compartiría

Lo que más desea en este momento es que se acabe la pandemia para poder invitar a casa a todos sus amigos y familia y celebrar con un pulmay. Quiere que sea específicamente con esa preparación, porque no es algo que se pueda hacer muy seguido por el tiempo de cocción que demanda. De hecho, la última vez que hizo uno fue antes de que llegara el Covid-19 a cambiarlo todo.

“Ojalá que sea en invierno cuando finalmente lleguemos al mundo pospandemia. El término coziness que tanto ocupan los gringos es perfecto para definir por qué me gusta compartir en torno a lo que sale de esta gran olla: esa sensación de cobijo, de calidez que da ese caldo para el alma, es algo maravilloso”, relata.

Sabores del mundo

Después de casarse se fue de luna de miel a la costa Amalfitana, en Italia. “Era lógico pensar que la mejor pasta de mi vida me la comería ahí”, dice. Pero lo que no sabía es que quedaría prendado de una que solo tenía cuatro ingredientes y que le sirvieron como entrada, como suele suceder en la verdadera cultura gastronómica italiana: fideos, queso parmesano, mantequilla y salvia. El lugar donde pudo degustar ese plato está entre sus recuerdos viajeros más memorables.

“Llegamos a este restaurante, que era súper bonito, pero donde no había nadie. Lo atendía su propio dueño, le pedimos el menú y nos dijo que no trabajaba con esa lógica y que lo que ofrecía cada día era resultado de lo que pudiera comprar en el mercado en la mañana y de la pesca del día. Entonces básicamente nos sirvió lo que él quiso, pero todo fue exquisito”, cuenta entre risas.

“El término coziness que tanto ocupan los gringos es perfecto para definir por qué me gusta compartir en torno a lo que sale de esta gran olla: esa sensación de cobijo, de calidez que da ese caldo para el alma, es algo maravilloso”.

Qué si y qué no

Desde muy joven ha estado vinculado al mundo del deporte, jugó rugby, fue seleccionado nacional y eso lo llevó a establecer una relación distinta con la comida. Cuenta que todo partió porque era muy flaco y necesitaba ganar masa muscular, pero no quería hacerlo con la ayuda de productos procesados, sino a punta de alimentación con ingredientes naturales, una filosofía que mantiene hasta el día de hoy. Así empezó un largo camino de investigación autodidacta que todavía continúa.

Hace un tiempo tuvo algunos problemas estomacales y para tratar de resolverlos llegó al ayuno intermitente, una corriente que hoy es muy popular y que consiste en alternar períodos de ayuno con períodos de ingesta de alimentos, pero de lo que hace cinco años muy poco se hablaba.

 

“La gente no sabe leer los ingredientes de los productos que va a comer y hoy, con tanta información disponible, eso es inaceptable”.

¿Cómo conversa eso con el negocio que lidera, en un país donde, según datos de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos, el 74% de la población adulta sufre de sobrepeso u obesidad?
Rosenthal dice que la culpa no es de las pizzas o de la comida rápida, sino de la poca educación que existe en torno a la nutrición y buena alimentación.

“La sociedad es analfabeta respecto de lo que come y es urgente cambiar eso. En general, la gente no sabe leer los ingredientes de los productos que va a comer y hoy, con tanta información disponible, eso es inaceptable”, señala, aunque reconoce el trabajo que se ha hecho en Chile a partir de la aprobación de la Ley de Etiquetado de Alimentos y la implementación de los famosos sellos “alto en”.

“Por supuesto que no me siento tranquilo cuando veo a una persona con sobrepeso comiendo en alguno de nuestros locales, porque pienso que quizás le falte mucha información y que, de pronto, por eso está así. Creo que al final se trata de eso, de cuánto deporte o actividad física hagas, y de lo que comas el resto del día cuando no estás comiéndote una pizza”, dice.

En Little Caesars incluso han impulsado campañas para premiar a los clientes con algún producto gratis si cumplen con determinados pasos al día, según la medición diaria que hoy es posible hacer con los teléfonos inteligentes. También apuestan por el deporte, con el auspicio a triatletas. “Creo que las marcas podemos hacer mucho más por promover la vida saludable. Cuesta, pero lo intentamos”, admite.

 

“Las marcas podemos hacer mucho más por promover la vida saludable. Cuesta, pero lo intentamos”.

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