La historia de Susane, la mujer Zanzíbar

“Zanzíbar representa la ruta de las especias. Cuando llegamos, a Chile le faltaban sabores”.

¿Quién no conoce a Zanzíbar? Es un clásico que rompió todos los formatos en el tiempo en que Santiago no era aún la capital gastronómica que es hoy. Y Susane, la mujer gestora de este emblemático proyecto gastronómico, tiene una historia más que sabrosa y sorprendente, con una tremenda trayectoria a través de la cual se ha atrevido a viajar por los sabores del mundo.

Madre de tres hijos que son su mayor legado -Maxine (27), Alex (24) y Roxane (22)-, esta fantástica mujer es ingeniera civil eléctrica, viene de una familia judío alemana y sus abuelos escaparon de la guerra cuando Hitler ya llevaba cinco años desarrollando su estado nazi. “En un viaje en tren en 1939, mi abuelo se topó con alguien que estaba ofreciendo visas para ir Chile, lo que le otorgaría libertad para su familia. Mi abuelo, mi abuela y mi padre con dos años de edad, llegaron a Chile en el último barco que salía hacia Valparaíso, con una maletita y el desafío de una nueva vida desde cero, por supuesto”, describe Susane. Esta aventura, los llevó a crear la empresa Wella y sus famosos jabones y champús.

¿Cómo fue la vida cuando llegaron de Europa?
Mi papá fue criado en Chile, pero tuvo la oportunidad a los 19 años de partir a Estados Unidos a estudiar geografía. Ahí conoció a mi madre, se casaron y tuvieron a mi hermana Elizabeth, en Nevada. Luego partieron a Perú, donde nací yo en un campamento minero. Después de cuatro años nos fuimos a Chile, para volver a Europa un año más tarde, a Bélgica, donde estudié en un colegio francés. Toda la etapa escolar la viví en Bruselas. Pero mi padre siempre nos hablaba de su Chile querido y tenía muchas ganas de volver algún día. Entonces, en 1983, al terminar mi colegiatura, me fui a Estados Unidos a estudiar, mientras que mis papás se fueron de vuelta a Chile por trabajo (a mi padre lo contrató una empresa minera). Y yo los visitaba todos los años, llegando a ese Chile en dictadura y con toques de queda. Un escenario sin encanto y extraño, pero era ese el país que conocí por varias temporadas.

Susane es una mujer excepcional, de sangre intensa y belleza desbordante, que respira y exhala mundo, con una constante búsqueda para conocer todas sus maravillas. De hecho, se autodefine como “ciudadana de los continentes”. “Estudié Ingeniería civil eléctrica al norte de Nueva York. Terminé los estudios y trabajando en la empresa Accenture me mandaron a París para desarrollar un proyecto muy importante en la bolsa de la capital francesa. Ahí postulé a un postgrado en negocios, realicé uno de los mejores MBA de Europa y logré terminar a los 24 años”.

Trabajó en un proyecto precioso en Bruselas y en París, conoció a su marido que trabajaba en importación y exportación de frutas, y fue él quien tuvo la idea de vivir en Chile. Y Susane no lo pensó ni un minuto y aceptó venirse a la aventura, con una niñita de dos años y embarazada de su otro hijo.

¿Por qué Zanzíbar?

Zanzibar nace como un proyecto que intencionalmente se atreve a dar a conocer sabores nuevos en Chile, y su nombre lo dice. “Es la isla que representa la ruta de las especias, justamente lo que en ese momento faltaba en Chile: sabores nuevos, especias, culturas distintas. Zanzibar representa exactamente eso, un viaje por el mundo de los sabores”, explica Susana.

Su arribo al rubro gastronómico no es extraño, pese a que nunca fue una prioridad. Menos un horizonte en su vida. Pero las raíces fueron más fuertes. “Tengo una madre que es una gran cocinera y un padre muy gourmet. Y esa vida que tuvimos en Bruselas fue muy importante, porque la gastronomía allá es de alto nivel. Íbamos siempre a los mejores restaurantes y realmente era un “hobby” fundamental para toda la familia. Además, en todos los viajes siempre fue un tema la gastronomía. Es una pasión personal y de cultura familiar”.

La historia y éxito de Zanzíbar tiene algunas claves que sólo su gestora puede describir. “La llave para tener un restaurante durante 20 años es siempre adelantarse, pensar en lo nuevo, reinventarse, escuchar a tu cliente. La meta del Zanzíbar fue siempre que cada año fuera mejor que el anterior. Eso es súper importante, porque es un rubro muy competitivo. Hay que estar siempre vigente”. Zanzíbar, vida eterna.

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